Hola, soy Sara. Este blog pretendió ser una birácora de dos años fuera de casa; acabó siendo testigo de seis meses duros pero divertidos en Corea del Sur.
Después de aquello he estado quizás demasiado entretenida como para necesitar compartirlo :) En Brasil había demasiadas variedades de caipirinha como para explicarlas!
Le acabo de poner un contador de visitas al blog y pone que lleva más de 3000, ¡estoy que no quepo en mí! ¿Pero cómo puede ser? ¡Sois los mejores! Muchísimas gracias por asomaros tantas veces a mis chorradas. Estoy más contenta que cuando descubrí la función "suprimir" en el teclado del Mac. ¡Más que cuando conseguí coger una avellana con los palillos y más que cuando probé la barbacoa de pato! Y mucho más que cuando los Take That se juntaron de nuevo :) Podría aplaudir con las orejas ahora mismo... Ha sido tal el subidón que me he pintado las uñas de rojo y he quedado a comer con una compañera para que luego me acompañe de compras por Wonju, capital de Asia. Espero encontrar ropa de mi talla o el subidón se convertirá en bajona. El tamaño monstruoso de mis pies comparado con el estándar coreano también puede ser un problema, mis pies aquí son como los de las hermanastras de Cenicienta.
Creo que no, que ni mis piezacos pueden acabar con mi humor hoy porque cuando ando suena esto.
En Corea, decir que no te cuesta tres sílabas: 아니요; se lee “anió”. Decir que sí sólo te cuesta una y además es de las fáciles: 네; se lee “ne”. Es algo que si se lo oyeras a un bebé como su primera palabra no te sorprendería. Si te dijera “anió” fliparías, porque es una palabra de tres sílabas y aguda, no es moco de pavo.
El tema: nadie dice no en este país. Decir “no” es de mala educación, por eso no necesitan una palabra práctica, rápida, fácil de decir. Simplemente porque no lo dicen.
Ejemplos prácticos: - ¿Sabes si pasa el autobús 21 por esta calle? - Quizás…quizás pasa por la calle perpendicular a esta. En la psique de un coreano sería de mala educación decir que no porque de alguna manera te está llamando lerda porque no sabes si el autobús 21 pasa por esta calle. Lo que ellos no ven es que si lo supiera, no lo preguntaría y el "quizás" confunde basante. Y lo utilizan constantemente, todo es "quizás". - ¿Te apetece un café? - Gracias. → ¡Cuidao! Si no dice “sí” explícitamente es un “no, gracias”. Aquí sería de mala educación porque les estás ofreciendo algo y lo están rechazando. El problema es que no te enteras de que no quieren café hasta después de tres o cuatro capuccinos que has sacado de la máquina para nada. La quinta vez que no te dicen "sí" explicitamente te das cuenta de que no, no quieren café.
Parece agotador, ¿verdad? Lo es.
Y cuesta acostumbrarse y creo que nunca llegaré a entenderlo. Alguno de vosotros estará pensando (que nos conocemos...) que vaya oportunidad de aprovecharse de esta pobre gente que no puede negarte nada. No os confundáis: no decir “no” no significa que no nieguen sino que les cuesta más tiempo y en general consiguen que tú pierdas los nervios. Os cuento lo que me ha pasado esta semana.
Hace unas semanas me apunté a un grupo de intercambio de idiomas inglés/coreano. La desesperación por encontrar amiguitos me llevó a hacer algo así a pesar de que yo tengo poco coreano que compartir y mi inglés tampoco es perfecto. Pero oye, es lo que había y no me prohibieron la entrada por no ser nativa de ninguno de los dos idiomas, quizás mi pinta vikinga les despistó; si hubiera habido alguno donde el español entrara en la ecuación lo hubiera considerado, pero parece que hay poca gente interesada por estas latitudes.
Lo del grupo de intercambio consiste en quedar una vez a la semana en alguna cafetería a charlar más o menos por turnos y en general sobre un tema que decides a priori. Eso te obliga a prepararte algún párrafo en la lengua que quieres aprender y a buscar vocabulario sobre el tema: en el grupo sueltas tu parrafada y el resto te corrige. Y así se aprende. Y se conoce gente.
La semana pasada se lo comenté a una compañera de trabajo que parece muy interesada en aprender inglés y le pareció una idea muy buena. Le dije que si le apetecía apuntarse que me lo dijera, que sólo hay dos coreanas en el grupo y comentó que le encantaría asistir, que por favor le avisara para la semana siguiente, que qué estupendo conocer más extranjeros y bla, bla, bla…¡todo muy excitante! Fue muy curioso porque más gente de la oficina mostró interés e incluso un par de ellos me dijeron directamente que les gustaría venir conmigo así que quedé en avisarles para la próxima.
También la semana pasada lo comenté con mi profesor de coreano, que es amigo de uno de los compañeros de trabajo interesados en el grupo de intercambio. Se lo comenté por si a él también le apetecía y como es de los pocos que me habla claro y me explica cómo funciona esta cultura, se rió mucho rato en mi cara. Ésta fue la conversación (dramatizada): - Sara, no quieren ir al grupo - Qué dices, flipao, si han sido ellos los que me han dicho que quieren venir. - Están siendo amables contigo, el día que les digas de ir al grupo te van a dar alguna excusa cutre para no hacerlo. - ¿Pero qué necesidad tienen de decirme que quieren venir si no quieren? - Sólo quieren mostrar interés por tus chorradas. Estoy seguro porque a cualquier coreano medio le horrorizaría hablar en inglés delante de alguien al que acaban de conocer. No van a ir.
Puto vidente. Lo veía así de claro. Yo no, no me lo podía creer, así que me aposté con él 10.000 wones a que venían (suena a mucho pero te da para un par de cervezas). Un poquito sí me lo podía creer. Ahora le debo dinero.
Ayer martes, día de grupo de intercambio de idiomas, mandé un mail a los cinco compañeros que la semana pasada se habían mostrado tan interesados en apuntarse: tres de ellos me habían dicho la semana anterior que venían y dos que les parecía una idea maravillosa.
Para que os hagáis una idea de lo insistentes que habían sido los tres que me dijeron que querían venir, lo organicé a pesar de que el grupo oficial de intercambio esta semana no se reunía, pero me habían preguntado tanto que pensé que con nosotros era suficiente y mandé el mail.
¿Qué creéis que pasó? De los tres que me había dicho que VENÍAN SEGURO, una me dijo que tenía que limpiar su cuarto, otro que había quedado ya a cenar y la tercera, la misma que la semana pasada me había pedido que por favor por favor por favor le avisara, me dijo que las 19h30 era muy tarde y que no podía venir. Compañeritos, os quiero. Haced esto más veces, por favor. Ésta última me hinchó las narices más que el resto porque me había preguntado mil veces la hora y siempre le había dado la misma respuesta; y resulta que ahora la hora era un problema. Estaba perdiendo dinero así que la hice sudar un poquito: ¿y si quedamos a las 18h30 vendrías? ¿Y si lo cambio para mañana? Pues ven sólo media hora ¿no? ¿No? ¿No? A todo me balbuceaba alguna chorrada; eso sí, no oí ni un sólo “anió” por ningún lado. Dime que NO, cojones. Los otros dos aparecieron milagrosamente por la cafetería en la que habíamos quedado aunque mi gozo quedó en un pozo: el compañero entró preguntando por mis amigas del grupo de intercambio (vino con el pelo lleno de gomina y apestando a colonia) y la compañera diciendo que ella lo que quería aprender era español. Con la excusa y la coña sobre mi poder de convocatoria nos echamos unas risas. Olé. Todo el mundo lo tenía muy claro menos yo, que soy imbécil. Los dos que vinieron no tenían ningún interés en intercambiar nada, ¿qué narices hago yo organizando, si sabemos que no se me da bien? Éstos no me vuelven a pillar en una así...
Voy a hablar claro a pesar del riesgo evidente que esto puede tener para mi integridad física, pero ya no me da miedo el lobby de la higiene bucal en este país. Es un lobby poderoso, de eso ya me he dado cuenta, pero alguien tiene que avisar a los coreanos de que a este paso se van a desgastar los piños.... Parece que la exageración es un rasgo importante del carácter estereotipado coreano que tanto me está gustando destacar en este blog, pero es que los coreanos no es que se laven los dientes, es que no creo que ninguno mantenga el esmalte más allá de los 33 años. Digo 33 porque sí, porque dar cifras siempre mola, parece más verdad lo que se dice y porque se empieza a envejecer a los 25 (¡zas, en toda la boca!). Esto probablemente lo he leído en Muy Interesante, en esto sí que podéis confiar en mí, sois todos muy mayores. Me siento muy cochina. Después de comer no paso mínimo dos minutos cepillándome los dientes. Me los cepillo rapidito, hago un par de gárgaras y me vuelvo a mi mesa. Mira que podría matar el tiempo con el cepillado de dientes, pero no me ha dado por ahí. Y sólo tengo un cepillo en el trabajo, no tengo uno de esos cepillos interdentales que sacan lo imposible de entre los dientes; ni hilo dental. Tengo hilo dental en casa por si un día se me queda entre las palas un hilillo del jamón serrano que mi madre me metió en las cajas de la mudanza. Mamá te quiero. Mamá tienes una hija cochina. Este es el baño de mujeres de la planta baja de mi empresa, baño que utilizamos 4 chicas y la señora de la limpieza, que de hecho lo utiliza como base de operaciones, pero eso no viene a cuento:
Como diría aquel, mirad qué "mostrario"
No vaya ser que uno un día no funcione
La propietaria de este tiene unas cuantas muelas de oro,
y todavía no ha empezado a envejecer según Muy Interesante...igual el cepillado no es tan infalible.
El hilo dental no lo veis porque no lo dejan en el baño, pero lo utilizan a diario y está claro que en cada comida.
Dios me libre de decir que no hay que cepillarse los dientes pero lo de esta gente no es ni bueno. Nadie falta al cepillado después de cada comida principal y muchos de ellos se los cepillan también después de tomarse un te o una galletilla a media mañana. He llegado a la conclusión de que detrás de esto hay alguien moviendo los hilos, el dueño de Colgate, el terrateniente que planta menta en Corea, no sé, alguien. Los obsesionan con tener los dientes inmaculados las 24 horas del día y no pueden soportar ni por un momento un sabor que no sea el eucalipto blanqueador colutorio 2 en 1.
Y según prueba este vídeo, les comen el tarro desde muy temprana edad. Flipad con este vídeo:
Eso es mi oficina después de la comida, pero sin el armario ese con luz azul que se supone que esteriliza los cepillos. Igual si les preocupo con la horrible idea de que se están lavando los dientes con algo sucio consigo que compren uno de esos armaritos! Me recuerda a La Gruta en Jaca, a las luces azules que resaltan el blanco y te hacen parecer extraterrestre.
Es el momento de denunciar esta locura y conseguir que los coreanos relajen su higiene bucal. Seguramente así no hay manera de que hagan defensas, como los niños a los que los protegen como si vivieran en una burbuja y después son adultos enfermizos. Se entra en un círculo vicioso de cepillados de dientes, muelas de oro y colutorio tras el cepillado a ver si consigo evitar tener que pagar otra muela de oro. Pero no.
Y creo que es el momento porque tengo pruebas de que el sector está en crisis. Acabo de volver del supermercado y me acaban de regalar, 8 tubos de pasta de dientes por comprar un champú. 8 tubos grandes de pasta de dientes, de 90 gramos cada uno. Me han dado 720 gramos de pasta de dientes por comprar 600 mililitros de de champú.
Preocupante por la proporción de uso champú/pasta de dientes que delata; esperanzador porque cuando te dan algo gratis es por algo, y yo creo que es porque el señor de Colgate y el terrateniente productor de menta se las están viendo putas para vender tanta pasta de dientes. Aquí la prueba:
Los 600ml de champú (lo sé, manicura espectacular)
720g de pasta de dientes. True story.
Os dejo corazones, me voy a cepillar los dientes que me acabo de comer un caramelo de eucalipto pero no es lo suficientemente fresco para mí.